El gran educador Joseph Schwab sostuvo que todos los esfuerzos del diseño curricular educativo deben construirse en torno a cuatro «lugares comunes»: el alumno, el profesor, la materia y el medio (o contexto social). Estos lugares comunes definen en gran medida la forma de cualquier sistema educativo incluyendo por supuesto a la educación judía.
Hoy en día el sistema de educación judía se encuentra en un período de transición. Para entender hacia dónde vamos es útil observar estos cuatro «lugares comunes» y cómo cada uno está siendo transformado.
En primer lugar los alumnos
Si la educación judía tiene como objetivo prosperar, es claro que debe atraer y entusiasmar a un nuevo y diferente tipo de estudiante. Los alumnos de hoy son más diversos, más deseosos de tener algo que decir sobre su propia educación, están completamente tecnologizados yestán mucho más interesados en el sentido y significado de lo aprendido. Sus perspectivas del mundo son mucho más globales que la de los estudiantes de hace 20 años atrás. Para la educación judía este desplazamiento en las características del tipo de estudiante representa a la vez un desafío y una oportunidad. Como pueblo siempre hemos visto el aprendizaje judío como un esfuerzo de toda la vida y no como un emprendimiento que informa a los niños por un breve período de tiempo. También y desde los primeros rabinos la tradición ha hecho un esfuerzo enorme para hacer los estudios judíos universales y no sólo la posibilidad de una élite o casta determinada sino una parte integral en la vida de cada judío.
¿Cómo podemos realizar todas estas aspiraciones? La clave está en realizar un esfuerzo enorme para que los que se están educando sean verdaderos socios y co-creadores de sus propias experiencias educativas. El sistema de educación judía hoy está diseñado alrededor de los proveedores; el sistema del mañana tiene que centrarse en los estudiantes y toda su diversidad. Tenemos que preguntarnos: ¿Qué están buscando nuestros alumnos (en lugar de determinar nosotros qué es lo que queremos que sepan)? ¿Cómo podemos ayudar a dar forma a sus propios viajes de aprendizaje? ¿Cómo podemos hacer que tomen conciencia de los recursos y las oportunidades que existen y hacen más fácil su acceso al moverse entre estas posibilidades? (Por ejemplo, ya se experimenta en varias comunidades proporcionando a las familias jóvenes con un «conserje educativo»). El número de alumnos potenciales hacia lo judío es enorme (e incluye muchos no-judíos) pero tendremos que cambiar nuestro enfoque si esperamos que ese potencial prospere.
Los profesores
Esto también significa replantear quiénes son nuestros profesores, dónde y cómo enseñan. Sin lugar a dudas la educación judía necesita profesores motivados y bien entrenados que al mismo tiempo sean bien recompensados por sus esfuerzos. Pero en nuestra tradición el «aprendizaje» (lilmod) y la «enseñanza» (lelamed) son dos caras de la misma moneda. Incluso hoy en día tenemos muchos más maestros potenciales de los que el sistema reclama. ¿Y en el futuro? Imaginen (como ya se está haciendo actualmente en otras áreas) que nuestros programas estén dotados de «equipos de aprendizaje» que incluyan educadores veteranos junto a las personas más jóvenes y una amplia variedad de «judíos promedio» que sean ellos mismos los alumnos. ¿Qué tipo de mensaje enviaría este programa sobre el aprendizaje judío como una totalidad que abarca toda la vida? Cada estudiante judío puede encontrar al mismo tiempo un papel como maestro de alguna manera – en un ambiente formal, en casa, como un mentor, como participante en las discusiones online – y por supuesto, cada profesor será ante todo un estudiante judío modelo.
¿Qué es lo que enseñamos?
¿Y qué podemos decir del tercer “lugar común” de Schwab, es decir, lo que enseñamos? Durante gran parte del siglo XX el objetivo manifiesto o latente de la educación judía era hacer a los judíos más judíos. El contenido de la educación judía ha sido coloreado por este propósito. Mucho del aprendizaje judío se ha diseñado para motivar y equipar a judíos a hacer «cosas judías»: asistir a la sinagoga; prepararse para el Bar o Bat Mitzva, observar el Shabat, las festividades judías y otros rituales; participar en la vida organizativa judía y apoyar a Israel y otras causas judías. Si bien estos objetivos son admirables no logran por sí solos responder a las preguntas fundamentales que muchos judíos continúan preguntándose: ¿por qué estas acciones deberían importarme? ¿Cómo hace el judaísmo para añadir significado, propósito y satisfacción a mi vida?
Replantear la educación judía como esencialmente la búsqueda por entender el significado (en lugar de desarrollar conocimientos y habilidades) y tratar de ser un mejor ser humano judío (no sólo un judío más comprometido) es un cambio sutil, pero con implicaciones profundísimas. Hace un llamamiento hacia un compromiso al estilo Franz Rosenzweig en el cual debemos ampliar el alcance de lo que estudiamos abarcando la totalidad de la vida y la amplia gama de experiencias, relaciones y problemas que caracterizan la vida de los judíos de hoy. Esto significa acercarse al judaísmo sin considerarlo un objeto en peligro de extinción que debe ser protegido o acumulado, sino verlo como un sistema rico y multidimensional que sirve para vivir una buena vida y por lo tanto debe ser explorado desde muchos ángulos diferentes, enriquecido con nuevas aportaciones y compartido. En una época de identidades globales, una educación judía solamente de sinagoga no tiene el alcance suficiente y no va a hacer justicia a la ambición de la misma tradición judía para dar forma a nuestras vidas en general y no sólo las partes de ellas que tienen lugar en contextos judíos.
El Medio
La educación judía debe cambiar porque nuestra relación con el cuarto «lugar común” de Schwab (el medio en el que vivimos) ha cambiado. El siglo XX fue una montaña rusa de tragedia y triunfo para el pueblo judío. Pero se ha establecido claramente una nueva realidad en la historia judía: ya no vivimos separados o aislados del mundo más amplio (de hecho nunca lo hicimos del todo). Vivimos plenamente como parte del mundo hoy con todo lo que esto implica. La política del mundo general es nuestra política, sus tendencias son nuestras tendencias, su tecnología es nuestra tecnología y viceversa. No sabemos lo que nos deparará el siglo XXI que recién comienza, pero, a pesar de nuestros números minúsculos, seremos parte de la historia que se desarrolla. Durante siglos los judíos aprendieron a temerle al mundo exterior y verlo como una amenaza. Aunque aún ciertos grupos predican estos ideales y sin duda este tema es un motivo de inquietud para muchos judíos, el miedo no nos ayudará ni nos inspirará como educadores o alumnos. Tenemos que ser mucho más audaces e imaginar que en realidad podemos cambiar este mundo, al menos en una pequeña medida, para ponerlo más en línea con nuestros ideales. Considerando todo esto el estudio judío llevará a los judíos no sólo hacia una más fructífera relación con la tradición judía sino que también llevará a la tradición misma hacia una más fructífera y profunda relación con el mundo y la historia.
A pesar que los “lugares comunes” de la educación judía siguen mutando ante nuestros ojos, la visión con la que comenzó el viaje de los judíos sigue siendo la misma: «Y haré de ti una nación grande…y a través de ti, serán todas las naciones del mundo bendecidas”.
POR JONATHAN S. WOOCHER
Traducción Rabino Diego Edelberg